Reflexión:El juego como aprendizaje.

Publicado: 2014/04/21 en Gloria García

Viktor Lowenfeld  nos dice que “El arte para el niño es algo bastante diferente. Para un niño, el arte es inicialmente un medio de expresión. No hay dos niños semejantes y, de hecho, un niño no es estático, sino que crece y cambia constantemente, ampliando su percepción, su entendimiento y su interpretación del entorno. Un niño es un ser dinámico; el arte se convierte en un lenguaje de pensamiento, de forma que la expresión artística cambia a medida que el niño crece.”

Lowenfeld afirma que para un niño el arte es básicamente un medio de expresión, un lenguaje, pero también podría entenderlo como otra forma de juego. El concepto de juego como aprendizaje pedagógico es  antiguo, ya lo expresaba Platón en la República:

“No habrá pues, querido amigo, que emplear la fuerza para la  educación de los niños, muy al contrario, deberá enseñarse jugando, para llegar también a conocer mejor las inclinaciones naturales de cada uno.”

El  juego es la forma más evidente de expresión libre que se puede ver en los niños. El artista alemán Markus Lüpertz (1941) afirma en una de sus entrevistas, que lo significativo del arte es jugar. Si se entendiera el aprendizaje de esta forma, el proceso dejaría de ser aburrido tanto para el alumno como para el propio profesor. Habitualmente, entendemos la enseñanza y el juego como algo contrario, pero si consideráramos el proceso creativo como un juego, probablemente los resultados serían más avanzados que los de un proceso que se ha realizado con la conciencia de  tediosa tarea.

Esta actividad sería muy conveniente sobre todo al principio, cuando el alumno comienza a descubrir su faceta artística. Este proceso ayudaría a que el alumno no dejara de entusiasmarse, y fuera descubriendo cosas nuevas de esta faceta, ilusionándose pensando en lo que podrá llegar a hacer.

“Todos los niños utilizarían sin inhibición sus impulsos creativos profundamente arraigados, confiando en sus propios medios de expresión. Cuando los niños pierden la confianza en sus propios de expresión creativa hasta el punto de decir “no se dibujar”, se debe a que algún tipo de interferencia en sus vidas ha originado esta inhibición y esta retirada al interior de ellos mismos.”(Viktor Lowenfeld)

A la edad de los diez u once años, ocurre un fenómeno terrible y mágico a la vez, y es que se crea una distinción entre los niños que saben dibujar, son aquellos que saben copiar la realidad, y aquellos niños que no saben dibujar, que son aquellos que no copian la realidad a la perfección. Es de esta manera cuando se empieza a matar la creatividad en ambos casos, los niños que saben copiar porque no sabrán ver más allá de lo perceptible y no desarrollarán su inventiva, y los que no saben copiar adquirirán la conciencia de no ser capaces de crear, ni de tener una expresión artística.

El hecho que un niño diga que no sabe dibujar, es porque en su proceso de aprendizaje artístico, no ha jugado, sino que  le han  impuesto una serie de esquemas cromáticos, proporciones y formas de pintar, creando una conciencia de lo que está bien o está mal en la expresión artística. Al no cumplir esas expectativas creadas por los adultos, el niño sufre frustración y olvida su faceta artística por lo cual el desarrollo de la misma.

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